18 abr 2010

Alejandro Clara: campeón de judo y fanático del ping pong

El judoca muestra la medalla de oro que ganó en los Juegos Odesur
Soy bastante perfeccionista, trato de hacer las cosas bien; por ejemplo, si tengo que quedarme entrenando una hora más, y si sé que es algo que me va a dar frutos, me quedo practicando una hora y media”, asegura el judoca Alejandro Clara, flamante ganador de los Juegos Odesur 2010, que se realizaron en Medellín, Colombia, hasta 73 kilos. Él es un atleta completo, pero fuera de su actividad, este joven deportista es una persona humilde, sencilla y dispuesta a entablar un diálogo cálido.

Alejandro nació el 16 de octubre de 1990, en el barrio porteño de Caballito. Desde pequeño comenzó a entrenar en el Club Italiano, y su profesor de toda la vida, Pablo Díaz Soto, le enseñó que el judo no es sólo un arte marcial, sino también una filosofía de vida.

Los viajes que realiza este campeón, hincha fanático de San Lorenzo de Almagro, lo hacen extrañar cada vez más su país y, en razón de eso, explica: “Cuando no tengo que viajar, trato de bajar al mundo, salgo con mis amigos, con mi novia, es decir, trato de volver a la normalidad para equilibrar la cabeza, porque si no, te volvés loco”.



Ale muestra el lance
Con el tema del peso, Alejandro admite que “se sufre, aunque depende cómo bajes”, y manifiesta que “hay veces que no tenés tiempo, o bajás de peso los últimos tres días, no querés hablarle a nadie, te molesta hasta que te miren, que te pasen por al lado”. Además, agrega que “la gente no sabe lo que se sufre cuando uno no puede comer, o no puede tomar líquido, es terrible”, aunque reconoce: “A mí no me cuesta mucho, generalmente tengo que bajar tres kilos y medio, pero cuando tengo que dar el peso en poco tiempo, me vuelvo loco”.

Si de comidas se trata, para este judoca “no hay nada como un buen asado con papas fritas y gaseosa; cruzo Ezeiza y ya empiezo a extrañar eso”. Por otro lado, cuenta que el lugar más extraño donde estuvo fue en Tailandia. “Es otra cultura, en las calles había olor a pescado y a comidas feas, como por ejemplo, ojos de cocodrilo –amplía Clara-. Y también había un olor a muerto terrible, un día me pedí una gaseosa y me la dieron con un pescadito en el pico, no me animé a tomarla”.

Un consejo de Ale para que los chicos hagan judo

Las estadías en los hoteles con la selección nacional hicieron que Alejandro se convierta en un fanático del ping pong: “Para no cansarnos mucho, aprovechamos las mesas que siempre hay en los lugares donde paramos y se arman unos campeonatos terribles, nos matamos”.

Por último, el Olimpia de Plata 2009 reflexiona que “el Estado debería apoyar más a los deportes amateurs porque son los que realmente representan al país”. Y concluye: “Uno viaja por los colores, y no por un interés económico”. Así de sincero es Alejandro Clara, un gran campeón del pueblo.

Desafiamos al campeón a jugar un cortito de ping pong, ¿quién habrá ganado?

No hay comentarios:

Publicar un comentario